23 nov. 2012

Recomendación: Acompañando la depresión...

Os recomiendo esta tesina sobre el abordaje de la depresión a través de un caso, es una delicia por su honestidad y por su forma de contar el trabajo de vínculo. La terapeuta es fisioterapeuta y se acerca a la paciente a través del masaje primero y más tarde con propuestas sensoriales muy imaginativas y divertidas.
Los que seáis socios de la AETG podéis bajarla de la web de la asociación

Integración corporal gestáltica en un caso de depresión. Mª José Mestre Martí Barcelona (AETG enero- 2006)

Transcribo un párrafo:

Cap.4. DESPERTANDO SENSACIÓN Y CONCIENCIA
En nuestro segundo encuentro, María va directamente a tumbarse
en la camilla, no se quita ni los zapatos. Parece dispuesta a
dormir y “a no me marees”.
No le pregunto ni cómo se encuentra, no porque lo sepa, sino
porque ya me imagino la respuesta que me dará.
Se tumba y cierra los ojos. Por un momento me siento impotente,
también algo enfadada.
¿Y ahora qué? ¿Le digo la rabia que me da su desprecio e
indiferencia? Me parece que en este momento de poco le serviría.
- Maise: ¿Estás cómoda? ¿Qué necesitarías para estarlo todavía
un poquito más? ¿Hay algo que te apriete?
Decide desabrocharse el botón de los pantalones y quitarse los
zapatos. Yo decido entrar por lo único que tiene al descubierto:
los pies.
Lleva unos calcetines muy finos y puedo notar lo fríos que están.
Coloco mis manos calientitas muy despacio en las plantas de sus
pies y confío en que no va a protestar.
Me concentro en sus pies, son pequeños, bien formados. Muy
poco a poco empiezo a inspeccionar las distintas áreas.
La zona refleja del plexo solar se nota muy dura, empiezo a hacer
un movimiento circular muy suave. También trabajo la zona
correspondiente a las cervicales, trapecio y columna vertebral.
Yo me estoy relajando y me parece que ella también.
Ya no me noto impaciente, me veo como un conductor novato que
con el carné reciente y la “L” en la espalda se muere por conducir
y sentir que lleva el automóvil por donde quiere. Esta imagen me
hace sonreír.
Me instalo en el “aquí y ahora”, eso me tranquiliza. No tengo
prisa por llegar a ningún lado, no tengo que demostrar nada, no
piloto, como mucho co-piloto. Aquí estoy acariciando con cariño
sus pies.
No sé dónde está María en estos momentos, voy a buscarla a ver
si quiere venir hasta aquí.
- Maise: “¿Cómo notas tus pies? ¿Hay algún punto doloroso? Es
probable que en algún punto notes una sensación como si te
rascara con la uña o incluso como si te pinchara. ¿Hay algún
punto en que notes esto? ¿Te resulta agradable este
movimiento? El pulgar corresponde a la zona de la cabeza, le
doy vueltas…Si te mareas avisa.”
Y así poco a poco María ha vuelto a la habitación, a su cuerpo, a
hablar conmigo. Se concentra en los puntos dolorosos: el plexo
solar, las cervicales, la zona de los trapecios... Le hace gracia
comprobar que los puntos que le duelen corresponden con las
zonas en que ella siente tensión.
Estoy pensando que ya que hemos empezado por la experiencia
del tacto, podemos seguir por ahí. Podemos ir explorando a través
de cada sentido.
Le propongo la idea y…
- “Bueno”.
Pongo música suave, le vendo los ojos y voy a buscar material...
- Maise: “Ahora pon toda tu atención en tus oídos y en el sonido
que vas a escuchar”.
Cojo el Palo de Lluvia y empiezo a darle vueltas, primero muy
espacio.
María esboza una sonrisa. “Parecen miles de gotas sobre un
cristal”, me dice.
Acelero un poco el ritmo.
Ahora María sonríe abiertamente: “Ahora son olas del mar ¿Se
puede saber con qué lo haces?”
- Maise: “¿Te parece que estás en la playa? No sé, no sé. Agudiza
ahora tu olfato”.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.